Paseo por el Valle de Ricote (Ulea-Blanca)



Hoy hemos decidido dar un paseo por las riberas del río Segura en uno de los parajes más emblemáticos de la Región; el Valle de Ricote. No hemos madrugado mucho; no esta lejos y no será un recorrido muy largo. Sobre las nueve nos poníamos en marcha en dirección a Ulea, población desde la que comenzaremos nuestra ruta. Estamos en un valle donde las reminiscencias moriscas aún se dejan sentir en sus huertas, en sus gentes, en esas norias de las riberas del Segura, en sus historias y leyendas. La agricultura ha sido la principal razón de ser de los habitantes del valle, aún hoy vamos a recorrer en nuestro paseo primorosas huertas, muchas de ella encajadas entre las paredes de las sierras y las riberas del Segura que durante siglos ha sido la fuente de vida de este valle. El discurrir del río es unas veces apacible y otras no tanto, encajado por el Salto de la Novia o el del Solvente. Retenido por la presa de Ojos con la que se sirven las tierras de Lorca y Almeria a través de impulsiones eléctricas, o las de Alicante que lo harán desde aquí por gravedad. Cuando el paisaje se abre, los meandros forma sotos y proliferan los huertos. Mientras los pueblos se agarran a las laderas temerosos de las violentas crecidas que han caracterizado al Segura a lo largo de su historia, pero siempre cercanos a las fértiles tierras donde crecen exuberantes verduras y hortalizas, donde maduran los frutales. 




Dejamos el coche en el pueblo bajo la atenta mirada de la imagen blanca y resplandeciente del Corazón de Jesús, situada en un altozano de la sierra del castillo, donde se asentaba también la antigua fortaleza árabe, lugar al que no subiremos, pero desde el que se goza de unas vistas fabulosas de todo el valle. Promomtorio  estratégico desde el que se establecía comunicación directa con las alcazabas de Archena, Losiella, la Losilla y Alarbona a cuyos pies se asienta el pueblo que da nombre al valle; Ricote. Después, allá por el siglo XIII, serian los cristianos los encargados de su defensa, sobre todo la Orden De Santiago, que traería a la población un trozo del Lignum Crucis, custodiado en la actualidad en la iglesia de San Bartolomé y que cada tres de mayo es sacada en solemne procesión hasta ser sumergida en el Henchidor para bendecir las aguas que regaran las huertas de la población.




Nos ponemos en marcha tras tomar un café y nos dirigimos al río, más concretamente al puente que lo cruza, lugar que utilizaremos para entrar por la margen derecha y aguas abajo, a un lugar muy especial, un umbrío y pequeño paseo peatonal cubierto por el cañar que separa las aguas de la acequia de las del río. Lastima que las lluvias hayan deteriorado considerablemente el acceso. Este recorrido forma parte de un interesante, aunque de nombre algo rimbombante, Corredor Verde del Río Segura, proyecto que pretende la conexión ecoturística del tramo medio del Segura, entre las poblaciones de Murcia y Cieza, del que aún queda mucho por hacer, en especial la conexión de unos tramos con otros. Nosotros vamos a utilizar en primer lugar este tramo de la margen derecha que llega hasta cerca de los Baños, en el Balneario de Archena, pedalearemos entre cañas, arbustos y algún árbol de mayor porte que terminaran formando frente al balneario uno de los bosque de ribera más espectaculares de este tramo del Segura. Poco antes encontramos una pasarela peatonal de madera y reciente construcción que aprovecharemos para cruzar y continuar aguas arriba. Pronto nos encontramos con una de las antiguas “Fabricas de Luz” que proliferaron a mediados del siglo XIX, ligadas al proceso industrial y a la modernización de pueblos y ciudades. En los cauces de ríos y acequias se instalaron saltos de agua que aprovechando la energía cinética transformarla eléctrica mediante el uso de ruedas y turbinas. Eran industrias particulares y que cambiaban de mano con cierta asiduidad hasta que pasada la postguerra fueron sustituidas por otras fuentes de energía. Esta en concreto la llaman la “Vieja”, pues hay otra “Nueva” aguas abajo, fue construida hacia 1917 por encargo de Juaquín Moreno Ramírez y diseñada por el ingeniero Gustavo Abizando [1] y como las demás pasó por varias manos; en 1954 la adquirió Molinos del Segura y en 1964 paso a manos de Hidroeléctrica Española, dejando de usarse hacia finales de los ochenta y su maquinaria desmantelada. A nuestra derecha, sobre un altozano, una singular construcción: El Gurugu. Fue Antonio Tomás Sandoval quien, a finales de siglo XIX, levantó el edificio de forma cuadrangular, con almenas y bóveda de media naranja, nostálgico del tiempo pasado en el norte de Africa durante la Guerra de Marruecos.




Continuamos con el recorrido pasando bajo el puente de la carretera que une Ulea con Villanueva y seguir el meandro que forma el Segura hasta encajonarse bajo la sierra del Molino, un estrechamiento del que cuenta la leyenda que ya en época Cristina, cuando el hijo del rey morisco de Ulea cortejaba a la hija del rey de Ricote y ante la negativa de este a su unión, huyo con ella a uña de caballo. Perseguido por las huestes de su suegro y llegando al río, salto sobre los peñascos de este estrecho desapareciendo con su novia. Unas acaban con la trágica muerte de los enamorados sumergidos en las procelosas aguas del Segura, otras, que lograron superar el desfiladero y vivir felices su amor. A nosotros no nos queda más remedio que volver sobre nuestros pasos hasta el comienzo de la población de Ulea para tomar la pista asfaltada que recorre la ladera del Molino salvando el desfiladero hasta Ojós. Junto a nosotros la noria del Villar de Felices, recientemente restaurada. Es este un artilugio, abundante en El Valle, que durante siglos ha servido para elevar las aguas del río y acequias ampliando la zona de regadío. Consiste en una rueda impulsada por el agua que mediante cangilones situados en sus bordes elevan el agua hasta un nivel superior.




Bajamos hasta el que fue el Oxos de los moros y tomamos la carretera que serpentea entre las escarpadas paredes de la Sierra del Chinte y del Salitre, hasta el azud de Ojos. Disfrutaremos aquí de unas hermosas vistas sobre el diminuto valle que forma el Segura entre los estrechos del Salto de la Novia y el Solvente, cuajado todo él de palmearas, granados e higueras, árboles que junto a chumberas y albaricoqueros fueron introducidos por los musulmanes durante la conquista de esta tierra. Otro estrecho, el del Solvente, sirve eta vez para situar un azud para la distribución de regadíos, en especial de los caudales del trasvase Tajo-Segura. Nosotros aprovecharemos la presa para cruzar al otro lado y tras pasar el túnel buscar un camino asfaltado por nuestra izquierda que nos lleve, entre limoneros y naranjos, hacia Blanca. No era este su nombre sino todo lo contrario, Negra se llamaba y poseía una formidable fortaleza. La última vez que se la menciona con este nombre fue el 19 de septiembre de 1303 al ser devuelta a Juan Osores, comendador de la Orden De Santiago, por el rey aragonés Jaime II. El 18 de octubre 1383 aparece en un documento del Concejo de Murcia ya con el nombre de Blanca. El cambio de nombre puede deberse a una rocambolesca historia nada clara y su nombre tenga que ver con el de la reina Blanca de Castilla, a la que abandona su marido Pedro I y es defendida por don Fadrique, maestre de la Orden de Santiago y Sancho Sánchez de Moscoso, comendador de Ricote.




La población bien merece una visita con detenimiento, pero nosotros volveremos a pasar el río para regresar hacia Ojós y Villanueva. Oculta tras la sierra del Salitre la milenaria Riqût, patria de caudillos y recios vinos, da nombre al Valle, desechamos sus rampas y continuamos  bordando el embalse, entre bancales de limoneros y la sierra hasta el Azud del Solvente que salvamos con una fuerte rampa. Pasado Ojós aparecen; Ulea, al otro lado del Segura y Villanueva, a este lado, encaramada en difícil balconada sobre el propio río. Pueblos de herencia árabe, de calles retorcidas y geranios en los balcones, viejos huertos, palmeras y jazmines. Por el puente que las une pasamos a la margen izquierda y damos por terminado nuestro recorrido.




Mariano Vicente, septiembre de 2017.


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